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El monstruo de la in-felicidad viene a verte por Navidad.

Publicado el Viernes, 01 Noviembre 2019 10:34
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Monstruo

En torno a unas fechas cargadas de tradiciones y celebraciones como son las navidades, también es costumbre entre la profesión de la psicología escribir sobre los efectos de los excesos navideños en la salud psicológica; Como si de un período de adviento psicológico se tratase, solemos discurrir sobre las consecuencias de los abusos del consumo de alimentos y bebidas, así como del consumismo en forma de artículos para regalo.

 

Las personas consumimos en exceso porque hemos aprendido a asociar consumo a felicidad, siendo la búsqueda y deseo de la misma un complemento sociocultural inherente al período navideño que, en torno al solsticio de invierno, marca un principio y un final, ”dies natalis solis invicti”. De manera que durante estas fechas se abusa del consumo no sólo de productos materiales, sino también de simbología y bienes emocionales como es el caso de la felicidad, aspecto sobre el que venimos a reflexionar en este artículo de opinión, tomándonos la licencia de idear el monstruo de la in-felicidad como alegoría de la búsqueda que muchas personas realizan de una felicidad, no como vivencia plena de las cosas que importan, sino como respuesta de evitación de las sensaciones de infelicidad. Y sin duda podemos llegar a afirmar que, durante la Navidad se reproduce el fenómeno del consumo excesivo de este tipo de “felicidad”. Se trata de un fenómeno de llenado artificial y después carencia, en el que ser feliz a toda costa tiene que ver con el vacío existencial y otros tipos de carencias humanas que se relacionan con el concepto de “usar y desechar” propio del consumismo, es decir, consumir apresuradamente una emoción positiva, para tomar contacto rápidamente con otra positiva nueva.

La Navidad, como espacio temporal en el que abundan los simbolismos, nos proporciona las condiciones necesarias para potenciar la ilusión de control sobre la felicidad. Es el escenario perfecto, a modo de trampantojo, para aumentar el anhelo de la felicidad potenciando conductas claramente evitatorias de los sentimientos dolorosos o incómodos. La presión publicitaria y nuestro estilo de consumo global, interactivo y en tiempo real, también contribuyen en gran medida a alimentar al monstruo de la in-felicidad, siendo como es el ser humano un gran consumidor del anhelo de felicidad y esperanza; millones de mensajes <<te-deseo-felices-fiestas-y-próspero-año-nuevo>> fluyen por las redes, se reenvían, mutan de forma creativa y adquieren múltiples formas imaginativas de venta de ilusión. En este entorno virtual, con acceso constante y en tiempo real de estímulos placenteros, nuestro monstruo se siente feliz.

El monstruo de la in-felicidad es un ente relacional, que usa la comparación para hacerte creer que la mayoría de las personas son más felices que tú y te ofrece una vía de escape de los pensamientos desagradables mediante el artificio de hacer sustituir los sentimientos negativos por positivos. Él sabe que no hay forma de escapar de los sentimientos dolorosos y lo usa. Nosotros también lo sabemos, pero la presión social y la cultura biomédica insiste, especialmente en esta fechas, en que si no no tienes sentimientos felices es sintomático de mal funcionamiento psicológico y en que el sufrimiento es anormal o patológico. Nuestro monstruo se aprovecha de nuestro deseo de identidad con los grupos pertenencia y se presenta como una clara amenaza al control privado del Yo, dificultando la toma de perspectiva, siendo estas fechas navideñas por su significatividad, las que propician el escenario perfecto para que el monstruo aparezca.

El consumismo de felicidad es una cuestión bastante global, no existiendo grandes diferencias en función de factores económicos, aunque sí culturales o de filosofía de vida, por lo que las diferencias vienen dadas más en función de si la persona acepta o no la toma de contacto con las emociones desagradables y si tiene o no claro lo que importa en la vida, actuando en esa dirección. Es precisamente la evitación experiencial la causante de numerosos problemas psicológicos, siendo el monstruo de la in-felicidad un activo de la misma, ¿no son muchos de nuestros comportamientos en Navidad, claramente evitatorios?. Paradójicamente solemos usar estrategias altamente inefectivas enfocadas a tratar de controlar o evitar las emociones negativas, invirtiendo mucho tiempo y esfuerzo en estrategias de control/evitación que nos alejan de una experiencia vital plena y orientada a nuestros valores.

David Carmona Barrales
Vocal de Psicología de la Intervención Social del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental

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